
Se ha cumplido un año de un gran momento de gracia para nuestra diócesis: la venida a nuestra diócesis de la Cruz y el Icono que Juan Pablo II entregó a los jóvenes. Fueron días en los que se congregaron cientos de personas: ancianos, enfermos, presos, jóvenes, comunidades religiosas, matrimonio, aunque lo más emocionante fue ver eso rostros llenos de sonrisas o con ojos llorosos de la emoción, ya que cada uno de ellos presentaba su historia reflejada ante esa Cruz y ante la Virgen. Pero esta historia supuso el comienzo y
la unión de un pequeño grupo que se encargó de acompañar a la Cruz y el Icono durante estos días. Este grupo tenía un sentido vocacional ya que como diría el obispo en él se encuentra representada toda la Iglesia: seglares, religiosas, sacerdotes y seminaristas. El colofón de esta gran experiencia fue la marcha de Adviento, donde se entregó la Cruz a Urda. Así, desde el Seminario le damos las gracias a este gran equipo por la gran labor realizada y por el testimonio que dieron de seguir a Jesucristo desde la vocación a la que han sido llamados.