SAN JUAN DE ÁVILA PATRONO DE LOS SACERDOTES SECULARES ESPAÑOLES |
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Ocurre con frecuencia que el desconocimiento de la realidad de los santos, lleva al cristiano a desaprovechar plenamente la intercesión que estos hacen ante Dios y también todo lo edificante de su ejemplo. Por eso, es bueno el propósito de conocer algo de los santos, que de un modo o de otro, están más cerca de Dios y de nosotros. Entre ellos, está San Juan de Ávila. Paisano nuestro (nacido en Almodóvar del Campo, Ciudad Real), y también sacerdote, ministerio que le permitió avanzar en el camino de su santidad. En cualquier caso, cualquier vida de un santo, también nos revela la fuerza de la gracia de Dios cuando el hombre se deja hacer, que fue asimismo el caso de San Juan de Ávila. Pero vayamos a su vida. Juan de Ávila nace un 6 de Enero, aunque no se sabe con certeza si fue de 1499 o de 1500. Estas fechas sí nos dicen claramente que estamos en un cambio de siglo. Cambio que supone en estos tiempos una transformación constante. El santo nace en el ambiente de la Reconquista, cuando el esplendor de España se está forjando. Pero también vive el problema que supone Lutero para la fe católica y la respuesta que quiere dar la Iglesia con la Contrarreforma, en el Concilio de Trento (1545-1563). No obstante, camina acompañado con el testimonio de grandes santos: S. Pedro de Alcántara, S. Ignacio de Loyola, Sta. Teresa de Jesús... hasta que le llega la hora de morir definitivamente al mundo para nacer plenamente hacia Dios, que será el 10 de Mayo de 1569, día en que se celebra su memoria. |
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Juan de Ávila nace en Almodóvar del Campo, hijo de Alonso de Ávila y Catalina Gijona. Parece ser que su padre tenía cierta ascendencia judía. Le toca crecer en medio de una familia con posibilidades económicas, pues tienen minas de plata y vivían en una casa de considerables dimensiones. Sin embargo, antes de nacer Juan, no tenían ningún hijo. Y Catalina, la madre, angustiada, por esta verdadera pobreza, hace una novena a Sta. Brígida pidiendo un hijo, para consagrarlo después al Señor. Esta actitud es propia de una familia piadosa, y Dios, que mira con misericordia los corazones, concedió al matrimonio el hijo tan deseado, aunque fuera hijo único.
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Se puede decir que en 1526 acaba una fase de su vida y comienza otra. Termina los estudios de Teología, y ha descubierto un camino nuevo para entregarse enteramente al Señor. Jesucristo le pide que sea sacerdote. Y lo será plenamente, para gozo de la Iglesia y consuelo de muchos. No se sabe mucho acerca de su ordenación. Fue en 1526, cuando ya han muerto sus padres. Sí se tiene noticia de que, ya sacerdote, va a Almodóvar, y celebra allí su primera misa. Después, como hijo único que era, vendió su patrimonio y lo repartió, y marchó para siempre de su lugar natal. Juan de Ávila marcha hacia la zona de Andalucía con la intención de partir para misiones. En su recorrido hacia Sevilla y hacia el mar, va predicando, y ya empieza a reconocérsele su fama como buen orador y predicador. En estos momentos convive con Fernán Contreras, compañero de penas, fatigas y alegrías. Éste, conocedor de la valía de nuestro manchego lo encamina hacia Alonso de Manrique, ante el cual ha de predicar. Después de pasar esta prueba, se ordena al humilde predicador que se quede en la zona de Andalucía, pues no se puede desaprovechar el talento y la santidad de Juan de Ávila. En este ambiente, y en este tiempo, entra en contacto con Pedro Fernández de Córdoba, quien, a su vez, le lleva a su hermana Sancha Carrillo. El encuentro de esta mujer con el santo producirá la conversión de ella, que abandonará el mundo para servir a Dios en retiro y oración. No en vano Juan de Ávila le escribe un libro de espiritualidad, que será luego, para provecho de muchos el Audi, Filia. La vida sacerdotal de San Juan de Ávila es testimonio para muchos a los que incita a llevar una vida mejor, pero también es piedra de tropiezo para quienes no están dispuestos a cambiar. De ahí surgen los aprecios y los desprecios hacia San Juan de Ávila, que este tan bien sabrá llevar. El desprecio y la envidia consiguen que lo acusen ante la Inquisición, y por esta razón, es puesto en prisión. Juan no se arredra, y sabe aceptar este tiempo de ocultamiento, que será muy fecundo. Él mismo dice que en este tiempo de cárcel aprovecha más que en toda su vida. Ejemplo de ello es que traduce la Imitación de Cristo, de Tomás de Kempis. El tiempo dio la razón a los hechos, y al final Juan de Ávila fue absuelto. En 1535 marcha a Córdoba, la que será propiamente su diócesis hasta la muerte, donde más trabaje y predique a Cristo, que lo ha llamado para darlo a conocer a todos. Allí desarrolla una gran labor, y muchos, conocedores de su fama, acuden a él; entre ellos, Fray Luis de Granada. |
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Su actividad abarca muchos campos, aunque él se dedica principalmente a la oración, al estudio y a la predicación, y también a la cura de almas. Funda algunos colegios, preocupado por la formación de los jóvenes y de los aspirantes al sacerdocio (como el colegio de S. Pelagio de Córdoba). Este aspecto se lo tomó muy en serio, pues fundó 15 colegios, el de Baeza entre ellos. Forja en torno a sí una «escuela sacerdotal», donde tiene a los discípulos que quieren aprender de este maestro tan enamorado del único Maestro. También da clases de Biblia. Además, por los pueblos por los que pasa va realizando misiones populares. Es posible que por su constitución, por sus penitencias, o por sus trabajos la enfermedad se fuera haciendo con Juan de Ávila. Por ello, ha de retirarse a Montilla en 1554. Pero también este momento será muy fecundo. Continuará su vida sacerdotal en este retiro, y siempre que pueda alentará con su palabra hablada o escrita a cuantos quieran acercarse a él. De hecho, las conversiones de San Juan de Dios o de San Francisco de Borja tienen algo que ver con su invitación a la conversión y a la vida cristiana. San Juan de Ávila tiene contacto con muchos personajes importantes de la época, entre ellos algunos santos, como Santa Teresa de Jesús o San Ignacio de Loyola, a quien apoya y admira por la Compañía de Jesús que ha levantado con la gracia de Dios. De este período de retiro en Montilla, que se prolonga hasta su muerte en 1569 se conserva una fecunda producción. Son muchos los que acuden a él o le escriben para pedir consejo y discernimiento. Y San Juan de Ávila, desde su experiencia profunda de Cristo, irá guiando a muchos por el camino de la santidad. San Juan de Ávila escribe algunos memoriales para el Concilio de Trento y otro nacional en Toledo, sobre temas sacerdotales, y también compone, además de Audi, filia (que reelabora después, impreso en 1574), algunos tratados, entre ellos, uno sobre el amor de Dios y otro sobre el sacerdocio. Su predicación, tan efectiva, se mantiene en muchos sermones, lo que nos da la idea de la cultura de este hombre, de su conocimiento de la Escritura, de su capacidad para sacar ejemplos de cuentecillos e historias. También la correspondencia epistolar es abundante y en ellas siempre, con delicadeza, invita a mirar a Cristo, que por nosotros se encarnó y murió. En los últimos años estuvo más acompañado por la enfermedad que le impedía vivir y trabajar como él quisiera, pero en lo que podía, no desaprovechaba el tiempo. San Juan de Ávila, vivía lo que aconsejaba, y no abandonaba la oración ni la caridad con los demás. Siempre que podía se dedicaba a contestar la multitud de cartas que recibía. Y de este modo, se fue consumiendo la llama de San Juan de Ávila, que muere santamente en 1569, con una vida a las espaldas de oración, predicación, penitencia y santidad. Su luz alumbrará a muchos. Se reconocerá pronto su influencia, que desde España va a otros países, como Francia. Aunque su fama de santidad es conocida, parece que su humildad se reconocía prácticamente, pues fue canonizado recientemente: el 31 de mayo de 1980, por Pablo VI. Eso sí, ya se había reconocido en la Iglesia su influencia y se le había nombrado Patrono del Clero Secular, nombrado por Pío XII. La Beatificación tuvo lugar el 15 de abril de 1894, y es por ello que en muchos sitios todavía aparece como Beato, antes que Santo, aunque siempre se le llama Maestro. |
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En muchos aspectos, San Juan de Ávila es un maestro para todos los cristianos. Sus escritos están llenos de santidad, piedad y erudición, y propone con mucha humildad el sustento necesario para una vida espiritual cristiana. De hecho, andando el tiempo, es posible que se le reconozca como Doctor de la Iglesia. |
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